El pasado viernes 7 de marzo, en el marco de un webinar organizado por BT VALO, Fernando Marengo, Chief Economist de la firma, presentó un análisis detallado sobre las perspectivas económicas globales.
El panorama económico y financiero global está atravesando un momento de incertidumbre sin precedentes. Si bien el futuro es, por definición, incierto, existen períodos en los que la volatilidad y la falta de previsibilidad alcanzan niveles máximos.
La incertidumbre actual tiene tres grandes factores determinantes: la geopolítica global, la política de aranceles de Estados Unidos y, por último, su situación fiscal.
1. Factores geopolíticos: un mundo en tensión
Uno de los principales motores de incertidumbre es el contexto geopolítico, marcado por conflictos de gran escala y tensiones entre potencias globales. La invasión de Rusia a Ucrania y su resolución futura siguen siendo inciertas, mientras que el conflicto entre Israel y Hamás añade más complejidad al panorama. Además, la creciente rivalidad entre Estados Unidos y China, dos gigantes con visiones opuestas sobre el orden económico y político global, ha generado preocupaciones sobre el impacto de esta disputa en los mercados y el comercio internacional.
La transición de poder global y el intento de China por consolidar su posición en la economía mundial plantean interrogantes sobre cómo evolucionarán las relaciones internacionales en los próximos años y cómo afectarán las estrategias de inversión y las decisiones comerciales a los mercados emergentes.
A esto se suma la incertidumbre en torno a la estabilidad política en Europa, donde las tensiones internas dentro de la Unión Europea y las presiones externas de conflictos en sus fronteras han llevado a un replanteo de las políticas económicas y de seguridad. La evolución de estos factores determinará el rumbo de los mercados globales en los próximos años.
2. El riesgo de una guerra comercial
Desde la llegada de Donald Trump a la presidencia en 2017, Estados Unidos ha implementado una política de negociación basada en aranceles, una estrategia que ha continuado generando tensiones económicas. La imposición de aranceles a bienes importados de México, Canadá, China y otros países ha ocasionado distorsiones en los precios y afectado el comercio global.
Cuando una economía grande como la estadounidense aplica aranceles, el precio interno de los bienes importados aumenta, lo que genera incentivos para la producción local. Sin embargo, este fenómeno también provoca una caída en el consumo de esos bienes y una reducción en sus precios a nivel internacional, impactando negativamente a los países exportadores. En economías más pequeñas, la respuesta puede incluir represalias con nuevos aranceles, que generan un aumento de precios internos y que, a su vez, puede desencadenar una guerra comercial a gran escala y afectar la balanza comercial de muchas naciones.
En este contexto, la evolución de las relaciones comerciales entre Estados Unidos y China sigue siendo un punto crítico. La posibilidad de nuevas restricciones tecnológicas y comerciales podría redefinir las cadenas de suministro globales y generar cambios significativos en las dinámicas de inversión y producción en diversas industrias.
3. La situación fiscal de Estados Unidos y su impacto global
El tercer factor de incertidumbre es la situación fiscal estadounidense. En varias oportunidades, funcionarios del gobierno han mencionado posibles programas de ajuste, lo que genera dudas sobre su implementación y consecuencias. En un contexto de alta volatilidad global, las decisiones fiscales de la mayor economía del mundo tienen un impacto directo en los mercados financieros, el comercio y la estabilidad monetaria de los países emergentes.
Si bien estas medidas pueden estar dirigidas a equilibrar las finanzas públicas, su aplicación en un entorno global incierto puede generar nuevas tensiones y afectar el crecimiento económico. Un ajuste fiscal severo en Estados Unidos podría reducir el dinamismo de la economía global y afectar la liquidez en los mercados financieros, impactando particularmente a América Latina y otras regiones emergentes.
Además, el nivel de endeudamiento de Estados Unidos sigue en aumento, lo que genera preocupaciones sobre la sostenibilidad de su política fiscal a largo plazo. Las decisiones que se tomen en relación con la deuda pública y las tasas de interés tendrán repercusiones en la estabilidad de los mercados financieros y en el acceso al crédito a nivel global.
Un escenario de incertidumbre
Los mercados emergentes, y América Latina en particular, enfrentan un futuro desafiante. La combinación de conflictos geopolíticos, disputas comerciales y decisiones fiscales en Estados Unidos crea un escenario de alta volatilidad y riesgos para el crecimiento económico. La capacidad de adaptación de los países y las estrategias de inversión serán claves para enfrentar este período de incertidumbre y aprovechar posibles oportunidades en medio de la crisis.
El análisis de Fernando Marengo destaca la importancia de monitorear de cerca estos factores y ajustar las estrategias económicas y financieras en función de los cambios en el entorno global. En un mundo en constante transformación, la resiliencia y la planificación estratégica serán esenciales para mitigar los riesgos y asegurar la estabilidad a largo plazo.